La confianza en el Gobierno volvió a caer en julio y el malestar económico toma fuerza
Publicado: 29 / 07 /2026
La confianza en el Gobierno volvió a caer en julio y reactivó una alarma que la Casa Rosada venía mirando de reojo: la economía cotidiana sigue pesando más que el discurso de orden macro. El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella retrocedió 6,5% y quedó en 1,94 puntos, su nivel más bajo desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
El dato vino acompañado por una serie de mediciones privadas que coincidieron en la misma dirección. Poliarquía registró un derrumbe en el Índice de Optimismo Ciudadano; Trespuntozero marcó una baja de la evaluación positiva; y Opina Argentina mostró un nuevo piso de aprobación. El diagnóstico que más se repite es uno solo: la plata no alcanza y eso termina filtrándose en la evaluación política del Gobierno.
Qué mostraron las encuestas
La UTDT midió una caída generalizada en la confianza y señaló que el retroceso se sintió con más fuerza en los jóvenes, en el Gran Buenos Aires y entre quienes fueron víctimas de delitos durante el último año. En paralelo, los consultores volvieron a hablar de “malestar económico”, “pesimismo fuerte” y una recuperación de junio que no alcanzó para cambiar la tendencia.
- ICG de la UTDT: 1,94 puntos, con baja mensual de 6,5%.
- Poliarquía: caída de 9% en el Índice de Optimismo Ciudadano.
- Opina Argentina: aprobación de Milei en 31%.
- Trespuntozero: evaluación positiva en 35,2%.
La lectura política de la Casa Rosada intenta amortiguar el golpe. El vocero presidencial volvió a insistir en que Milei conserva una imagen alta para su tiempo de gestión y que el oficialismo debe mirar la tendencia de mediano plazo. Pero el problema es justamente ese: la tendencia viene en baja hace meses y las señales de consumo, actividad e ingresos no terminan de recomponer humor social.
El trasfondo económico
La clave del deterioro está en el día a día. Ingresos que no alcanzan, actividad que no despega del todo, dudas sobre el empleo y una sensación de cansancio social que se alimenta cada vez que los precios, los salarios y el bolsillo no cierran. La estabilización, que al comienzo funcionó como capital político, ahora enfrenta la exigencia de demostrar resultados más visibles para la vida cotidiana.
Por eso el Gobierno necesita algo más que buenos números en la macro. Si no logra transformar el ajuste en una mejora concreta para los votantes, la caída de confianza puede seguir erosionando su fortaleza política justo cuando más depende de ella para negociar leyes y sostener su agenda electoral.
